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La Plaza durante el transcurso de los siglos

SIG. XI-XII - Inicia el proceso de formación de la plaza con la fundación de la nueva Catedral en el lugar en donde surgía la que ya fuera paleocristiana con su Baptisterio. El espacio sagrado, bordeado por el río Auser –luego desaparecido- sigue siendo situado en la parte exterior de los muros que rodean la ciudad.
el nuevo templo fue realizado entre el 1064 y el 1110 por Buscheto, comparado con el mítico arquitecto Dédalo en la inscripción de su sarcófago murado en fachada: a él se debe el implante original y la ideación del sistema decorativo externo que será motivo unificante de los edificios de la plaza. La Catedral se convierte de esta manera en el símbolo de la potencia de Pisa proclamada, en la cumbre de su fortuna, en el Mediterráneo occidental, "nueva Roma". Para favorecer un digno enlace entre el Duomo y la ciudad se abre la Via Santa Maria que desemboca justo en el área absidial rica de taraceas y de mármoles antiguos, encoronada por la cúpula elíptica y rodeada por sarcófagos romanos que han vuelto a ser utilizados posteriormente como tumbas de pisanos ilustres.

A Partir de la mitad del siglo XII suceden relevantes transformaciones: la Catedral, prolongada hacia el Oeste de unos 16 metros, se ha dotado de una nueva fachada constituída por pequeños pórticos; en 1152 sería fundado el Baptisterio, firmado en una columna del interior por Diotisalvi, en 1173 el Campanario, rápidamente levantado hasta el tercer orden. El entero complejo se inserta dentro del nuevo circuito murario erecto entre el 1154 y el 1158 y, con la apertura de la Puerta del León, la plaza del Duomo se convierte en el acceso privilegiado a la ciudad.  

SIG. XIII-XIV – el área asume las características de una verdadera y propriamente dicha plaza: sus límites serán definidos hacia el sur con la construcción del Hospital Nuevo y de la Iglesia de Santa Chiara y, por el lado opuesto con la nueva sede de la Opera, y sus laboratotios, las escuelas de canto para los monaguillos y, desde el 1277, con el Camposanto monumental, destinado a acojer las sepulturas que habían terminado por ocupar gran parte del espacio alrededor del Duomo hasta la Puerta del León. Inicia la decoración y fresco del Camposanto que dará vida a uno de los máximos ciclos del trescientos. Mientras tanto siguen los trabajos en los demás edificios principales: en el Baptisterio, completado gracias al Pórticado adornado por las esculturas de Nicola y Giovanni Pisano y concluído por la cúpula; al Campanario – cuya construcción había sido interrumpida por causa de cedimientos del terreno que luego determinarían su pendencia- que alcanza el séptimo orden y recibe su celda campanaria.

SIG. XV-XVIII - Tras la conquista de Pisa por parte de Firenze (1406) nuevas intervenciones, aún no provocando tranformaciones substanciales de la implantación medioeval, atestiguan el interés del gobierno medíceo por el área de la plaza: en Camposanto se completan la decoración de las paredes los pórticos internos, pero sobretodo comienza la construcción del Palacio del Arzobispado y la zona anterior a éste define un espacio destinado a configurarse como prolongación de la Plaza del Duomo.

Bajo Cósimo I el rol central asumido por Pisa en la política florentina se lee en la redefinición  de la plaza: en 1562 la apertura de Porta Nuova, en donde tronea el emblema medíceo, crea un eje funcional a la realización de un sistema de perspectivas que incluye a los cuatro monumentos medioevales y, en el fondo, el Palacio del Arzobispado, dotado hoy de una nueva fachada. Alrededor se establecen verdaderas escenografías: además de la zona limítrofe establecida por el Hospital, hoy renovada en su prospecto, y el opuesto del Camposanto, enriquecido por una capilla cerrada por una amplia cúpula, nuevos edificios en estilo renacimental rodean el área alrededor de la Torre. El siglo acaba con el desastroso incendio de la Catedral (1595) que requerirá una amplia campaña de restauraciones.

SIG. XVII-XVIII – Entre el Seiscientos y el Setecientos la plaza queda fiel a la implantación del Quinientos y se convierte en una etapa obligada para los viajeros del Grand Tour: para acojer a los visitadores y a los artístas será construida, en línea con el crucero de la Catedral, la fuente completada en 1766 por un grupo escultóreo, pero sobretodo se reorganiza la superficie alrededor de los edificios principales con la apertura de regulares callejones. A partir de esta atención a la monumentalidad del complejo queda excluída toda el área septentrional, destinada a satisfacer a las exigencias prácticas y a hospedar una nueva área del cementerio, al lado de la Casa del enterrador, y las habitaciones del Guardián del Duomo y de los Campaneros a los lados de la Casa de la Opera.

SIG. XIX – En el trascurso del Ochocientos una serie de intervenciones dirigidas hacia la nostálgica recuperación de un medioevo mitizado por un renovado espíritu patriótico, con miras a reconducir a la plaza hacia su presunto aspecto original. Campañas de restauraciones operan integraciones y reconstrucciones según el estilo pre-existente, mientras se abaten todos los edificios que a través de los siglos se habían anexado a los monumentos medioevales: el intento es el de aislar a las cuatro insignes fábricas pero también el de borrar todo rastro de las funciones cotidianas del espacio urbano que crean disturbio a la percepción monumental del conjunto.
El Campanario es ulteriormente exaltado en su maravillosa pendencia desde su creación en 1865 por la nueva Via Torelli que le llega por la parte posterior creando un inédito eje visivo sobre la plaza: la calle, girando alrededor del Campanario hasta unirse con via Santa Maria, ofrece una sorprendente visual a los viajeros procedentes desde la puerta de Lucca. El aislamiento de los monumentos se acompaña a la creación de un uniforme y nivelado mantel herboso.

SIG. XX – En el siglo XX la disposición del complejo monumental queda casi invariada: los mármoles blancos, aislados en su amplio prado, parecen volver a proponer el momento ideal de su creación y sugieren a D'Annunzio la definición , entrada sucesivamente en el uso común, de “prado de los milagros”.

La segunda guerra mundial provoca un grave daño a la plaza: el 27 de julio del 1944 una granada golpea el techo del Campanario causando un desastroso incendio y la célebre galería de pintura del siglo XIV y XV queda gravemente comprometida, requiriendo complejas y largas intervenciones de recuperación y de restauración.

El segundo período sucesivo a la segunda guerra mundial ve una gradual conversión de la escenografía neo-medioeval de la plaza en un verdadero museo al aire libre. Los monumentos, primero entre todos la Torre, están sometidos a siempre mayores y delicadas restauraciones, las antiguas sedes del Hospital y del Seminario serán respectivamente convertidas en el Museo de las Sinópias (1979) y en el Museo de la Opera del Duomo (1986). No obstante el solitario viajero del ochocientos haya cedido el campo a los grandes números del turismo moderno, la plaza sigue inspirando a los artístas y literados que exaltan su fascinación y su atmósfera.

 

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