Con extraordinaria eficacia la expresión «Piazza dei Miracoli» (Plaza de los Milagros), creada por Gabriele D'Annunzio (1863-1938), sintetiza el estupor y la admiración que desde hace siglos siente quien, atravesando el paso del recinto amurallado o desembocando oblicuamente desde via S. Maria, abraza en un sola mirada el blanco candor de los monumentos sobre el verde brillante de la alfombra de césped.
Sorprende también el singular aislamiento del conjunto: el gran espacio donde se elevan los edificios sagrados se encuentra en los márgenes del núcleo urbano, en la esquina noroccidental, en posición casi orgullosa y apartada respecto a los trajines cotidianos de la ciudad. Pero una atenta lectura histórica y la contribución de los descubrimientos arqueológicos recientes devuelven a la Catedral toda su centralidad, fundada sobre la originaria elección del sitio y conservada a través de los siglos como centro de la vida religiosa y civil de Pisa. Para percibirla, es necesario colocarse en la dimensión marítima que desde la época etrusca hizo grande la ciudad, situada en una afortunada posición geográfica que la colcaba en el centro de una red de trayectos marítimos, fluviales y terrestres, con un territorio interior capaz de ofrecer una amplia gama de productos no sólo agrícolas sino también maderas y material lapídeo para construcciones, favoreciendo de tal modo la instalación de significativas estructuras manufactureras.
Un rio hoy desaparecido - el Auser - lamía entonces el área de la Plaza, fluyendo a lo largo del márgen septentrional y doblando luego hacia el Sur para ir a desembocar en el Arno; y en el Auser, a pocos cientos de metros de aquí, en las cercanías de la actual estación de Pisa-San Rossore, se había implantado un puerto fluvial que funcionó durante un milenio, desde la edad etrusca a la romana tardía, devuelto a la luz tras un larguísimo olvido a finales del siglo XX. Es precisamente redescubriendo esta disposición más antigua, que la ubicación de la Catedral pierde su aparente marginalidad para asumir un significado nuevo y más completo: a la luz de las modalidades de la cristianización de Pisa, que estudios recientes indican proveniente del mar, el sitio adquiere, de hecho, una inédita centralidad, hoy ya no percibible, si se le relaciona con la cercana instalación portuaria fluvial que permaneció activa hasta el siglo V d.C.
Fue, pues, éste el lugar elegido como sede de la Iglesia pisana desde sus orígenes, concordemente considerados anteriores a la paz constantiniana de año 313. Pero los más antiguos edificios sagrados fueron, en el curso del tempo, desmantelados y los monumentos que admiramos hoy se remontan a los siglos centrales de la Edad Media, cuando en el cúlmine del esplendor, gracias a las victoriosas hazañas en el mar Pisa afirmaba su supremacía en ámbito regional e internacional, llegando a reivindicar para sí misma el papel de 'nueva Roma'. De tal desmisurado orgullo y conciencia nació el proyecto de reconstruir, en las proximidades de una precedente catedral descubierta durante unas recientes excavaciones arqueológicas, la nueva S. Maria fundada en 1064, año de la victoriosa hazaña anti-sarracena de Palermo, cuyo botín fue en parte invertido precisamente en su construcción. El «templo de mármol blanco como la nieve» así lo definió el autor de la inscripción fúnebre para su arquitecto, Buschetto representaba toda la comunidad civil y religiosa; y debía reflejar, a los ojos del mundo, fama y potencia: en la fachada fueron colocados epígrafes que celebraban las principales hazañas marineras; en los laterales fueron inseridas partes provenientes de monumentos de edad romana para subrayar la grandeza de Pisa como 'otra Roma'; el paramento fue ornamentado ricamente con elementos decorativos, de entre los cuales destacan los losanges polícromos de derivación árabe; en la cima del tejado, por último, fue colocado el magnífico grifo de bronce de fabricación islámica ahora en el Museo dell'Opera (Museo de la Obra) -en su lugar hay una copia-, quizá proveniente de España y con toda probabilidad llegado a Pisa con el botín de alguna expedición militar.
Frente a la Catedral, en eje con su fachada, fue construido el Baptistero, fundado en 1152 a partir de un proyecto de Diotisalvi: un edificio que según los últimos estudios resulta muy impregnado de recuerdos del Santo Sepulcro de Jerusalén, reproponiendo así el tema de las influencias y de las relaciones entre la arquitectura pisana y Oriente. En la construcción del edificio, destinado a cobijar la pila con la cual los Pisanos entraban a formar parte del pueblo cristiano, participó unánimemente toda la ciudad: el cronista coevo Bernardo Maragone narra que una de las ocho columnas provenientes de Elba y de Cerdeña, colocadas en el interior en 1163, fue elevada por los habitantes de la zona de Porta Aurea.
La planta circular del Baptisterio fue retomada en 1173 por el anónimo proyectista del Campanario (Bonanno Pisano? o de nuevo magister Diotisalvi?). Obra inusual en su redondez que remite a las curvas de los cercanos ábsides de la Catedral, acomunado a los otros edificios de la Plaza por el repetirse de columnas y arquitos, poco después de la fundación el más célebre monumento ciudadano fue afligido por el 'mal oscuro' que lo ha hecho famoso en todo el mundo, manifestando los graves problemas estáticos resueltos tras más de ochocientos años de temor por los trabajos de consolidación llevados a cabo en el último decenio del siglo que acaba de concluir.
Con la torre campanaria el conjunto de la Catedral estaba completado; pero en el siglo XIII, mientras los trabajos proseguían y los edificios se enriquecían de magníficas obras de arte, dos nuevas construcciones definieron el espacio de la Plaza tal y come puede verse hoy, ambos nacidos por iniciativa del gran arzobispo de Pisa Federico Visconti. En la parte Sur fue erigido el Hospital Nuevo, impuesto a la ciudad en 1257 por el Papa Alessandro IV como signo de la reconciliación con la Sede apostólica tras una crisis durada más de un quindenio, donde recibían asistencia peregrinos, pobres y enfermos: es el gran edificio que actualmente acoge al Museo delle Sinopie (Museo de los Almagres), en el cual nos encontramos. Enfrente del mismo empezó, en 1277, la construcción de un nuevo cementerio donde concentrar las tumbas hasta entonces esparcidas alrededor de la Catedral. Es el proyecto desembocado en la realización del Camposanto, extraordinario claustro cuadrangular que, con su fachada marmórea, concluye al Norte la Plaza de los Milagros, concebido para la sepultura de los muertos así como para la instrucción de los vivos, invitados a reflexionar sobre la vida terrena y eterna por el grandioso ciclo de frescos de los cuales se conservan en este Museo los dibujos preparatorios, los "almagres".
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