Más allá de su célebre pendencia, real desafío a las leyes de la estática, el campanario del Duomo es un particularísimo edificio y único en su género, sea por su alto valor histórico artístico de sus formas, sea por su peculiar ubicación en el contexto de aquella vasta y singular área conocida como ”Piazza dei Miracoli” . el edificio ocupa una posición defilada con respecto a la Catedral, y surge entre la zona absidial y la parte sur oriental del crucero de esta última. Se trata de una colocación inusual – de norma, el campanario se eleva de hecho cerca de la fachada o a lo largo de un costado de las iglesias – aunque no se halle aislada, pues se vuelve a encontrar en algunos complejos pisanos y otros edificios italianos.
en este caso, ésta adquiere, de todos modos, un valor y una explicación inéditas con relación a la dislocación de las otras emergencias monumentales en el área de la “Piazza dei Miracoli”.
Su elevada altura, le confiere inclusive la función de fulcro visivo: con su mole esbelta, el Campanario resultaba en realidad bien visible por cada uno de los lados de la plaza, y, probablemente, también desde el río Arno, asumiendo de esta manera sea la función de conexión entre la ciudad y la plaza, ubicada en una zona decentrada con respecto al núcleo urbano, sea la función de faro, punto de referencia y sentinela, y, en fin, símbolo del orgullo cívico y religioso de la comunidad ciudadana.
El edificio
El edificio actual, resultado de una larga obra constructiva y objeto en el transcurso de los siglos de innumerables campañas de restauraciones cuyo primer objetivo era el de limitar los peligros de derrumbe presumibles a causa de la evidente pendencia, está constituido por un cuerpo cilíndrico murario, rodeado por pórticos con arcos y columnas que se apoyan sobre un tronco de base y están sormontados por una celda campanaria. El cuerpo central de la estructora está compuesto por un cilíndro hueco, revesido por un paramento externo en bloques moldeados en piedra calcárea de San Giuliano blanco y gris, un paramento interno, en piedra verrucana trabajada y, entre éstas, una zona anular de muradura. En el interior de esta zona en muradura se halla realizada una escaleraelicoidal que, con 293 escalones, monta hasta el sexto porticado, en donde el pozo interno se concluye gracias a una voluta con un ojo central para ceder el paso a la luz, permitiendo el acceso a la celda campanaria superior y, en los trechos intermedios inferiores, hacia los varios porticados. Los seis porticados colocados en el tronco básico, con éste y con la celda campanaria, subdividen a la torre en ocho segmentos, llamados órdenes. El inferior es animado por un giro de arcadas ciegas, impostadas sobre semicolumnas que incluyen bajo el arco a un compás de forma de losange taraceado con mármoles polícromos, que incluye en el centro una rosa en relieve. El bloque murario es interrumpido por unas aperturas que se reflejan en estrechas ventanas monoforas y, hacia el Oeste, por una única puerta de acceso: una recámara rectangular con un arquitrabe que le hace de corniza. Encima del arquitrabe, un arco falcado con archivolta trabajada, descansa sobre dos capiteles en prosecución de las jambas, formando un edículo que contiene el busto de una Virgen con el Niño de la época del trescientos. A los lados del portal, algunas decoraciones figuradas que representan animales y monstruosas figuras, y con una singular representación de barcos (¿el Puerto Pisano?), acompañan la epígrafe conmemorativa de la fundación del edificio.
La pendencia
El problema de la pendencia es el que más de todos, ha fascinado y despertado la curiosidad en el transcurso del tiempo, a los visitantes, apasionados de arte y estudiosos y que han dado fama por doquier a este monumento.
Todo ello en virtud del hecho de que aún hoy la inclinación del edificio pueda guardar dentro de sí numerosos misterios.
Por mucho tiempo los expertos han debatido, sobretodo en el siglo pasado, sobre la questión que si dicha inclinación haya tenido relación con problemas estáticos surgidos del edificio durante su erección: en otras palabras, que si la pendencia de la torre pueda constituir un efecto deseado por su constructor o viceversa, fuese el fruto de un inpreveíble o de todas formas inevitable progresivo cedimiento del terreno. En el transcurso de este últim siglo, las mediciones siempre más precisas del edificio y las averiguaciones realizadas con varios medios a través del subsuelo, junto con investigaciones históricas y de archivos, han permitido llegar a algunas certezas, aunque no definitivas. Parece a este punto cierto de que la torre haya sido inicialmente concebida como edificio recto y que su cedimiento se haya manifestado ya a partir de las fases iniciales de los trabajos. El hundimiento fue enseguida relacionado con las particulares características morfológicas del terreno en el que se apoyaba, compuesto por más de un estrato de material arcolloso y de depósito, atravesados, como a un metro de profundidad, por faldas acuíferas subterráneas. A dichas conclusiones se llega observando, además de la composición del terreno, gracias a las correcciones aportadas en cada uno de los niveles del edificio. Lo que parece cierto, basándonos en las raras noticias que poseemos, es que durante el transcurso de los siglos, la oscilación del edificio haya sido mínima, habiendo probablemente encontrado él mismo un equilibrio firme en el suelo. Dicha situación puede confirmarse gracias al detallado estudio de relevaciones cumplido en 1817 por dos estudiosos ingleses: Cresy y Taylor. Algunos años más tarde, precisamente en 1838, tuvo lugar el verificarse de un evento que provocó una fuerte aceleración del movimiento oscilatorio del edificio, reanudando la necesidad de intervenciones de tutela. A esta fecha fue de hecho decidido, en base a las exigencias de orígen histórico y estético, eliminar la base del campanario de la cumbre de tierra que la ocultaba desde hacía siglos. Dicha intervención, que dio como efecto el hacer perder a la torre el equilibrio adquirido, preveía también el desmantelaje de los edificios y de las estructuras que surgían cerca de la construcción, y, sobretodo, el secado del agua estancada que perennemente rodeaba la entrada del edificio. Las siguientes mediciones, documentaron un incremento de pendencia de unos 20 centímetros: en los 267 años intercurridos entre las relevaciones de Giorgio Vasari de 1550 y los de los dos ingleses, en 1817, la inclinación había aumentado de solamente cinco centímetros. La aceleración del movimiento de pendencia duró algunos años después de las obras del 1838, para luego volver a decrecer en la medida de alrededor de un milímetro al año. En el transcurso del siglo XX, gracias al desarrollo de los conocimientos y de las instrumentaciones técnicas, conjuntamente con el interés de las autoridades gubernamentales de tutela, se han promovido estudios, investigaciones y hasta intervenciones extraordinarias.
Las medidas de la Torre
El monumento mide de altura 58,36 metros en el plano de los cimientos, y más de 55 fuera de la tierra. Su peso ha sido calculado en 14.453 toneladas, Su baricentro se halla a 22,6 metros por encima del plano de cimientos. Los cimientos tienen un diámetro externo de 19,58 metros; el agujero central es de 4,5 metros. El área del cimiento anular es de 285 metros cuadrados; la presión promedio sobre el terreno es de 497 kPa. La inclinación actual es de unos 5,5° o sea un 10%; el valor correspondiente a la excentricidad de las cargas en el plano de los cimientos es de 2,3 metros.
© 2004-2007 Opera della Primaziale Pisana - credits & copyright