Resultado de una idea artística propuesta por el Maestro Giuseppe Sinopoli, el Festival Internacional de Música Sagrada "Anima Mundi", iniciado en el 2001 y llegado en el 2009 a su nona edición, representa una de las manifestaciones más importantes y prestigiosas del género a nivel nacional e internacional.
Se ha afirmado, en nombre de la continuidad y de la estabilidad, gracias a la Opera Primaziale Pisana, a la que se ha inmediatamente asociado, con una fundamental contribución financiera y operativa, la Fundación Caja de Ahorros de Pisa, permitiendo sostener y dirigir la no simple hazaña hacia el objetivo de la máxima calidad.
Precisamente la idea de realizar en Pisa un Festival de Música Sagrada se basaba en algunos supuestos, que se han demostrado después exitosos, desarrollados por el Director Artístico M.o Sergio Sablich, musicólogo y operador musical de considerable fama, consultor musical del Teatro la Scala de Milán y director artístico de la Orquesta Regional Toscana, indicado por Giuseppe Sinopoli.
Antes que nada, la falta, en Italia, de una manifestación de este tipo que presentara las obras de la música de cada tiempo, enlazadas con el concepto de "sagrado" entendido en su acepción más amplia (no sólo litúrgica y eclesiástica, sino también en sentido lato: religiosa, espiritual y meditativa) en ejecuciones de referencia desde el punto de vista tanto interpretativo como filológico y crítico.
En segundo lugar, la especial belleza, solemnidad y sintonía de la catedral de Pisa, desde el principio lugar elegido para los conciertos, que se ha revelado después también bajo el perfil acústico y ambiental especialmente apto para la música, y la sagrada especialmente.
Pero, respecto a todo, ha desempeñado un papel importante la intención, atrevida porque en contratendencia con nuestros tiempos, de dar voz y espacio a una iniciativa artística de alto perfil, ardua desde cualquier punto de vista y testimonio de una idea de cultura no efímera, seria pero no grave, que propone humana y éticamente una exigencia espiritual capaz también de ofrecer emociones y reflexiones en virtud de la fuerza de implicación del lenguaje musical, de todos el más universal e inmediato.
Garantes de este recorrido de sentimientos y de conocimiento han sido los grandes compositores que se han dedicado a la música sagrada, de Palestrina a Monteverdi, de Bach a Mozart, de Schubert a Brahms a Mahler, hasta las obras de los contemporáneos que han continuado a brindar testimonio de la difícil investigación y de la relación con lo sagrado en nuestra época: de estos y muchos otros autores no menos importantes "Anima Mundi" ha ofrecido una panorámica amplia y exhaustiva, abarcando cualquier vertiente del repertorio antiguo y moderno.
Por tanto, se pudieron escuchar , en Pisa, en instructivas y fascinantes confrontaciones, voces, coros y orquestas procedentes de todas partes del mundo y especializados en este repertorio; asimismo artistas de fama internacional como Riccardo Muti, Zubin Mehta, Nikolaus Harnoncourt, Yuri Temirkanov, Daniele Gatti, Gustav Kuhn y Leopold Hager, sólo por mencionar a los mayores: todos involucrados en eventos que han sido también momentos de un profundo estudio interpretativo y fuente de alegría para los oyentes.
Los objetivos que el Festival se había fijado, brindar testimonio de la riqueza y de la versatilidad de la producción musical con relación a lo "sagrado" (un carácter sagrado que ya, por sí mismo, es elemento de constitución de la música) y reafirmar la importancia de los valores de la espiritualidad para la experiencia humana y civil se han alcanzado gracias a la variedad de las músicas propuestas y a la excelencia de las ejecuciones, de las que han dado confirmación los órganos de información general y especializada, de acuerdo en la asignación al Festival Internacional de Música Sagrada "Anima Mundi" de Pisa, y, por consiguiente, a sus promotores, los significativos y unánimes reconocimientos de una manifestación de relieve en su campo.
El festival, subdividido en ocho-nueve conciertos, celebrados por la mayor parte en el incomparable marco de la Catedral (puede albergar más de 1100 espectadores), tiene lugar usualmente, entre el veinte de septiembre y el veinte de octubre, centrando los eventos mayores en los días del fin de semana así para permitir una mayor afluencia del público.
El éxito de la manifestación, atestiguado por el considerable flujo de público (un promedio de más de 5,000 presencias por estación, con "todo completo" para las manifestaciones mayores) no obstante una campaña promocional modesta y por el eco de la prensa especializada y no, nacional y local, permiten considerar ya consolidada la calidad del "producto" y rodada la máquina organizativa.
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